SOBRE LOS TOROS Y EL SOFISMA
Todo lo que he leído y escuchado sobre la fiesta gira sobre los toros como espectáculo y las medidas que habría que tomar contra la tortura a un animal. De acuerdo. Esta sociedad nos invita a militar en causas parciales (fenómeno oenegé), en batallas pequeñitas, pero no en la gran guerra: las bases de la desigualdad social y humana, también animal.
Sacarle punta al tema toro es como en el instituto cuando estudiábamos: tema, estructura y contenido, género y clases, comentario crítico. La sociología de los toros es un punto de partida y de llegada, y no quiere ser un sofisma.
Para el creyente (y yo, fatalmente lo soy), el verdadero espectáculo se desarrolla en otras partes, no en lo que sufre el toro ni en la caza del zorro ni en la hepatitis del canard. El lord cazador y el bourgeois gourmet sí que son nuestro espectáculo.
¿Es igual el mundo del toro para gitanillos y belmontes muertos de hambre que para Domecqs, Miuras, Borbones y marquesonas? ¿Es un sofisma poner el dedo en esa llaga, más que capitalista, feudal y de rancias aristocracias? ¿Habría corridas si no hubiera grandes dehesas y latifundios heredados y tenidos a título de qué, desde los tiempos de Guzmán el Bueno (¡y tan bueno!)?
Y en cuanto a las sociedades protectoras, la pregunta es esta: quienes sufren por los animales-animales ¿sufren igual por los animales-personas? Según cogemos el sueño cada noche en el primer mundo protector, la respuesta es que no.
Estoy de acuerdo con la ética de que “es un mal causar dolor y muerte, con regocijo, a otro ser vivo”, sin embargo el regocijo va por dentro y puede ser lo de menos. De hecho, los aficionados a la tauromaquia niegan que se regocijen con lo que sufren los toros, más bien buscan argumentos en defensa del toro y del torero, argumentos que sí que son puros sofismas.
Pero supongamos (segundo ‘pero’) que la pena de muerte se aplica “sin regocijo” y con sentido de Estado. ¿Ya me parecería bien la silla eléctrica?
Con perdón tuyo y mío, lo único que hacemos pequeños o medianos burgueses es ajustar nuestra cartelera, dar por buenos o malos nuestros espectáculos, y aquí los toros entran al mismo nivel que el teatro o el cine.
A mí el mundo de las protectoras de animales se me queda muy chico al lado de las protectoras de personas. De culitos y barriguitas antitauristas, pienso igual que pienso de los profesionales de Greenpeace: que son eso, profesionales. Yo crecí creyendo, y todavía creo, en los grandes movimientos de ‘masas’ (palabra desprestigiada, qué le voy a hacer). A los protestones de élite que expresan la mala conciencia del primer mundo, la Humanidad (con mayúscula o con minúscula: de un ser humano en concreto) les importa un bledo (iba a decir un carajo, porque quienes pensamos en clave de ‘masas’ les caemos francamente mal).
Y es que las masas recuerdan al tercer mundo y el tercer mundo, claro está, no protege a los animales ni los cría para hacer taquilla: el tercer mundo se los come.
Decálogo de la Bicicultura
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